| Letra: | Ardiendo interiormente con ira vehemente, en mi amargura hablo conmigo mismo. De materia
hecho, mi elemento es la ceniza, soy como una hoja con la que los vientos juegan. En
vista de que es lo propio para que un hombre sabio pueda colocar sobre la roca los
cimientos de su morada, soy indómito, como un río impetuoso, bajo cuyo curso nada
perdura. Soy arrastrado violentamente como una nave sin marinero, igual que por los
aires vaga una ave extraviada. Las cadenas no me atan, una llave no me retiene; Busco a
aquellos que son como yo, y me encuentro con la perversidad. La languidez de mi
corazón parece un asunto grave; bromear es agradable y más dulce que los panales. Todo
lo que Venus pueda ordenar es muy agradable, ella nunca habita en los corazones
indolentes. Sobre un escabroso camino voy, como cualquier hombre joven, sumergido en la
depravación, olvidando la virtud, ávido de placer más que de salud, muerto en
espíritu yo cuido mi piel. |